La economía colaborativa llega a la mesa para comer

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La economía colaborativa no deja de inundar el mercado con servicios de todo tipo a precio competitivo. Blablacar.com ya se ocupa de que 2,5 millones de españoles viajen por carretera a un coste mínimo, a menudo el de su parte alícuota del combustible consumido por quien pone el coche. Uber ha puesto en pie de guerra a los taxistas de toda Europa al sentir que esa organizada red de particulares no es sino un modo de competencia desleal. Airbnb, la web en la que se comparte alojamiento, es uno de los mayores fenómenos empresariales de los últimos tiempos, así como un quebradero de cabeza para la industria hostelera. Cabify (relacionada también con la movilidad), Comunitae (préstamos personales), Rentalia (alojamiento vacacional), Ticketbis (compra y venta de entradas para espectáculos)… Los ejemplos son numerosos.

Ahora le llega el turno a la restauración. Se multiplican las webs en las que los interesados ponen a disposición su casa para ofrecer comidas o cenas. Las francesas VoulezVousDiner.com y VizEat o la estadounidense Socialdiningnetwork.com son algunos de los máximos exponentes del llamado social dining. Los interesados publican en estas plataformas el menú que van a ofrecer y le ponen un precio. Los invitados potenciales pueden escoger el tipo de comida, coste y localidad en la que quieren experimentar. Ambas partes son luego valoradas, de forma que los mejores anfitriones y huéspedes pueden ser reconocidos fácilmente.

Porque lo que se vende en estas webs es precisamente eso: una inmersión cultural a través de la cocina (y de la conversación con el público local) que no se conseguiría optando directamente por un restaurante convencional. “¡Disfruta una deliciosa comida con tu anfitrión y descubre una cultura!”, lee el eslogan de VizEat, que tiene a Barcelona en su cartera y que según Efe ha experimentado un crecimiento meteórico: arrancó su andadura en 2014 y ya acumula 3.000 anfitriones y 40.000 usuarios inscritos en 60 países.

El lado perverso del social dining, denuncian los hosteleros, es que los improvisados cocineros no cuentan con los debidos permisos de sanidad y calidad que sí tienen los restaurantes. Motivo esgrimido para considerar estas webs competidoras desleales.

Cinco Días (30/09/2015)

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