¿Cómo configurar y llevar a cabo la gestión de una cartera de inversión?

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Cuando contamos con una disponibilidad económica suficiente y decidimos realizar cualquier tipo de inversión, el objetivo principal siempre es obtener la mayor rentabilidad con el menor riesgo posible durante un periodo de tiempo determinado. Por eso, antes de configurar una cartera de inversión, es fundamental elaborar una óptima planificación financiera que se adapte a nuestras necesidades, lo cual podemos conseguir respondiendo a una serie de cuestiones que nos ayuden a abordar los objetivos de cada inversión.

En este artículo vas a descubrir cómo configurar y llevar a cabo la gestión de una cartera de inversión, teniendo en cuenta los diferentes factores que intervienen, para obtener la máxima rentabilidad posible con tu dinero. ¡Comenzamos!

¿Qué es una cartera de inversión?

Una cartera de inversión, también denominada cartera de valores, es una combinación de activos financieros en los cuales decide invertir una persona física o jurídica. Puede estar formada por productos de inversión o valores de diferente tipo, aunque lo más habitual son las inversiones de renta fija y renta variable, las cuales te explicaremos con detalle más adelante.

Básicamente, ambas se diferencian por la rentabilidad obtenida y el riesgo asumido por el inversor. Los instrumentos de renta fija tienen una mayor seguridad debido a que existirá un retorno fijo asegurado, mientras que los de renta variable suelen conllevar una mayor rentabilidad a cambio de asumir un riesgo mayor.

Factores a considerar para configurar una cartera de inversión

Cuando decidamos confeccionar una cartera de inversión, es fundamental atender a una serie de factores que nos ayuden a comprender la situación en la que nos encontramos y así realizar una planificación financiera adaptada a nuestras necesidades.

Objetivo personal

Antes de lanzarse a configurar una cartera de inversión, es muy importante establecer unos objetivos con respecto a la finalidad deseada y a nuestras circunstancias personales. Es imprescindible contemplar un panorama realista para realizar inversiones en activos que se adapten a nuestra capacidad económica o perfil de riesgo que tenemos la capacidad de asumir.

Por lo tanto, debemos plantearnos preguntas como: “¿Qué rentabilidad quiero obtener con mi inversión?” o “¿Cuál es la pérdida máxima que estoy dispuesto a asumir?”. Solo así conseguiremos determinar la cuantía y el tipo de cartera de inversión que más nos conviene. Las respuestas a dichas preguntas nos definirán como inversores de perfil conservador, moderado o agresivo.

Horizonte temporal

El riesgo al que se enfrenta un inversor con su dinero está muy relacionado con el horizonte temporal de la inversión. Por ejemplo, no es lo mismo invertir 30000 euros en un plazo de 30 años que hacerlo a tres años vista, ya que el margen de maniobra y la volatilidad de los activos invertidos será muy diferente en ambos casos.

Si el horizonte temporal es a corto plazo, lo más recomendable sería invertir en una cartera de inversión con escasa volatilidad, puesto que en caso de producirse cualquier alteración en el mercado, la inversión podría recuperarse sin arriesgarnos a sufrir pérdidas excesivamente elevadas.

En caso de que el horizonte temporal sea a medio plazo, se podría combinar la inversión de activos de renta fija o variable a largo plazo junto a fondos de retorno absoluto; mientras que si es a largo plazo, la mejor opción sería optar por activos con mayor volatilidad con una mayor proporción de renta fija o de renta variable (en caso de que las circunstancias del inversor y la situación del mercado lo permitan).

Diversificación

Existen muchos inversores que a la hora de crear un fondo de inversión establecen como prioridad absoluta la minimización de riesgos. Por ello, para conseguir que el capital se encuentre respaldado con mayor seguridad, es fundamental diversificar la inversión entre distintos activos. Debemos tener en cuenta que si en nuestra cartera de inversión destinamos todo el capital a un solo activo, todo el dinero estará supeditado al comportamiento del mismo, por lo que el riesgo será mucho más elevado que si decidimos llevar a cabo una diversificación de la inversión.

Rebalancear

En el ámbito de las inversiones, es evidente que los valores de las mismas no son constantes a lo largo del tiempo, por lo que los porcentajes asignados a los diferentes activos (acciones, bonos, efectivo…) se ven alterados en función del comportamiento del mercado.

Por ello, es muy recomendable llevar a cabo un rebalanceo de la cartera de inversión al menos una vez al año, es decir, ajustar el reparto de los porcentajes en función de la rentabilidad obtenida. De esta forma podremos mantener los objetivos de riesgo y rentabilidad que fueron establecidos antes de realizar las diferentes inversiones.

Generalmente, todos los activos financieros tienden a regresar a su valor promedio, por lo que aquellos que experimenten una mayor subida llegará un momento en el que sufrirán una “reversión a la media”. Gracias al rebalanceo de nuestra cartera de inversión lograremos adelantarnos a esa reversión y tendremos la posibilidad de vender caro y comprar barato.

Fiscalidad

Aunque la mayoría de las personas que deciden configurar una cartera de inversión suelen atender principalmente a la rentabilidad de los activos, es importante destacar que los productos de inversión están sometidos a un régimen de tributación, por lo que solamente después de conocer el importe a abonar en concepto de impuestos, sabremos cuál es la rentabilidad final (conocida como rentabilidad financiero-fiscal).

Lo cierto es que configurar una cartera de inversiones que se adapte al perfil de cada inversor y a las características del mercado en cada momento es una tarea muy compleja.

Por eso, siempre es recomendable recibir consejos e indicaciones por parte de un asesor financiero, o bien aprovechar el avance de la tecnología y lograr una reducción de los costes mediante la gestión de carteras de inversión automatizada proporcionada por un roboadvisor, una modalidad que cada vez cuenta con un mayor número de adeptos en nuestro país.

Clases de activos financieros

Antes de configurar una cartera de inversión, resulta muy complicado conocer de antemano cuál será la rentabilidad exacta que obtendremos, aunque sí podemos hacer un cálculo aproximado, teniendo en cuenta el tipo de activo y su balance histórico. Si hablamos de activos financieros genéricos, estos se pueden dividir en activos inmobiliarios, activos de renta fija y activos de renta variable.

Activos inmobiliarios

En este tipo de inversiones, los edificios de oficinas y los centros comerciales suelen ser los activos inmobiliarios que cuentan con un mayor rendimiento para los inversores. Los precios en el mercado inmobiliario pueden oscilar en ocasiones puntuales, aunque generalmente tienen una estrecha relación con el poder adquisitivo de la sociedad. Por este motivo, a largo plazo, la vivienda se suele revalorizar al nivel de la subida de la inflación.

En este sentido, según un estudio realizado por Idealista, la inversión en locales comerciales para su posterior alquiler ofrece un rendimiento alrededor del 8.2%, por delante de oficinas (7.5%), inversión residencial (7.3%) y garajes (4.6%).

Activos de renta fija

También llamados bonos, son instrumentos de deuda que emiten gobiernos o empresas privadas y que son comprados por parte de otras entidades o particulares. Este concepto se basa en el préstamo de dinero a cambio de recibir unos pagos de manera periódica, existiendo una gran cantidad de inversiones de este tipo.

Cada una de ellas cuenta con unas características concretas, aunque en la actualidad resulta complicado encontrar activos de renta fija que ofrezcan rentabilidades atractivas. Al tratarse de una inversión más segura que otras opciones, la rentabilidad de los activos de renta fija suele ser más baja que la proporcionada por la renta variable.

Activos de renta variable

Son aquellos instrumentos financieros en los que el rendimiento futuro depende del resultado de una actividad concreta. Las acciones, por ejemplo, contemplan el pago de dividendos periódicamente, pero el importe de dichos pagos no se conoce de antemano debido a que depende de los resultados obtenidos por la empresa que emite dichas acciones.

Aparte de la inversión en bolsa, una de las formas más habituales de invertir en renta variable es mediante los fondos de inversión. Se trata de instrumentos de ahorro que están formados por el patrimonio de un gran número de inversores particulares, cuyo dinero es utilizado por una entidad gestora para invertirlo en diferentes activos.

En la renta variable es habitual que se produzcan constantes variaciones en el mercado, por lo que el riesgo se incrementa con respecto a la renta fija. En cambio, la renta variable cuenta con la ventaja de tener una mayor rentabilidad, así como la posibilidad de recuperar la inversión de una manera más rápida.

Una decisión personal

Como mencionamos anteriormente, el tipo de activo en el cual destinar la inversión dependerá del perfil de cada inversor (conservador, moderado o agresivo). En cualquier caso, resulta esencial realizar una correcta planificación financiera a la hora de configurar y gestionar una cartera de inversión, teniendo siempre en cuenta las necesidades personales, los objetivos establecidos y el perfil de riesgo.

Por lo tanto, será cada inversor quien decida la mejor opción para sus intereses después de reflexionar acerca de las diferentes circunstancias personales y del mercado.

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