TCAR, la última tecnología para la prevención del ictus

72

En nuestro país se producen alrededor de 104.000 ictus anuales, de los cuales alrededor del 35% lo sufren menores de 65 años y, además, es la primera causa de mortalidad en mujeres y la principal causa de discapacidad en el adulto, según datos de la Federación Española del Ictus. Para prevenir estos accidentes cardiovasculares, según los especialistas, lo más importante es estar atento a los síntomas del mismo con el fin de actuar de manera precoz porque los primeros momentos son cruciales para evitar que haya daños masivos o irrecuperables en los pacientes. Pero, además de actuar de forma temprana, también es importante que los afectados cuenten con la mejor y más puntera atención sanitaria avalada por la investigación científica.

En este sentido, cabe destacar un nuevo hito alrededor de la prevención del ictus que se ha dado en España. Concretamente en el Hospital Quirónsalud de Marbella, un centro que ha llevado a cabo un estudio minucioso de la eficacia y la seguridad de la técnica de TCAR. Un hecho pionero que, por otro lado, sólo se ha llevado a cabo por especialistas en quince centros hospitalarios de todo el mundo y el hospital malagueño ha sido el único representante español.

Durante cuatro años –de 2015 a 2019– más de 630 pacientes se sometieron a esta técnica en un ensayo cuyos resultados se han desvelado recientemente. Todos ellos, además, presentaban factores de alto riesgo para endarterectomía carotídea, la técnica quirúrgica convencional para tratar la estenosis carotídea y el 26% presentaba algún tipo de afectación neurológico. El éxito técnico de la aplicación de esta técnica de prevención del ictus fue rotundo: tuvo buenos resultados en el 99,7% de todos los casos, unas cifras que, sin duda, avalan la garantía del innovador procedimiento debido a la ausencia de accidente cerebrovascular perioperatorio, muerte o infarto de miocardio.

Concretamente, el procedimiento TCAR se realiza a través de una pequeña incisión justo por encima de la clavícula. El cirujano coloca un tubo directamente en la arteria carótida y lo conecta a un sistema que temporalmente dirigirá el flujo sanguíneo lejos del cerebro, para protegerlo de que los desechos peligrosos que puedan desprenderse de la placa de ateroma no lleguen al mismo durante el procedimiento. La sangre fluye a través del sistema y cualquier material será capturado en un filtro fuera del cuerpo. La sangre del filtro es devuelta a través de un segundo tubo conectado por punción a una vena en la parte superior del muslo.

«El éxito del TCAR –revascularización transcervical de la arteria transcarotídea– radica en el sistema de protección cerebral y es precisamente esa cualidad lo que marca la diferencia con el resto de tratamientos mínimamente invasivos disponibles», según las palabras del doctor Rubén Rodríguez, jefe de Servicio de Angiología, Cirugía Vascular y Endovascular del hospital Quirónsalud Marbella. Añade, además, que «el procedimiento puede realizarse con anestesia local, por lo que el paciente está despierto en todo momento. Esta circunstancia es una gran ventaja porque nos permite evaluar y monitorizar de forma continua la función cerebral del paciente».

OK DIARIO (09/10/2020)

Más información aquí

Si te resultó útil...Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Email this to someone
email