Un robot que vacuna sin aguja y sin dolor

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Cobi, es un robot capaz de poner inyecciones intramusculares. “La naturaleza autónoma de Cobi reduce drásticamente los requisitos de una infraestructura en las clínicas, lo que podría ayudar a llegar a poblaciones en áreas remotas con acceso limitado a la atención médica” explica Nima Zamani, cofundadora y directora de tecnología de Cobionix, empresa detrás de este invento.

Cobi se compone de un brazo robótico con un almacén de viales y una pantalla para poder interactuar con los pacientes. A través de ese panel táctil, la persona puede registrarse en el sistema para recibir su vacuna. Una cámara registra el DNI o documento que certifique que el paciente tiene cita para vacunarse o recibir un medicamento.

Pasado el trámite burocrático, Cobi recoge un vial con la dosis incorporada y recurre a su sensor LIDAR para reconocer el cuerpo del paciente. Los sensores LIDAR miden la distancia que hay entre ellos y un objeto determinado emitiendo pulsos de luz invisibles para el ojo humano. Así Cobi puede reconocer la complexión de su nuevo paciente.

El mapa digital 3D que crea el sistema basado en inteligencia artificial localiza el brazo y la altura idónea para aplicar la inyección. El diseño del brazo, sirve para ajustar la altura a cada persona, ya sea un adulto o un niño. En el vídeo proporcionado por la compañía se puede ver como el modelo se desinfecta la zona con alcohol y después de la inyección se coloca una tirita por su cuenta.

La inyección no es dolorosa porque se aplica sin agujas. Los ingenieros que han diseñado Cobi han comprendido que un robot con una aguja puede producir un fuerte rechazo. Por este motivo han optado por la tecnología de otra empresa para aplicar las vacunas mediante un chorro a presión.

Muchas personas tienen miedo a las agujas, es lo que se conoce como tripofobia y puede producir desde dolor de cabeza, hasta un miedo incapacitante que les hace evitar pruebas médicas y tratamientos necesarios para su salud. Desde las universidades surgen proyectos que tratan de dar con un aparato o sistema que ayude a estas personas a reducir su miedo ante una inyección. Una de las soluciones es la inyección por chorro o sin aguja. Cobionix no detalla con qué empresa han trabajado para aplicar esta tecnología a su robot, pero son bastantes las compañías que apuestan por este método. Por ejemplo, el MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts) inició en 2012 un proyecto que acabó comercializando con la empresa farmacéutica Takeda de Japón en 2017.

El fármaco se carga en un recipiente desechable con boquilla. El dispensador está formado por un pistón y un imán rodeado de una bobina de alambre. Al aplicar corriente el campo magnético empuja el pistón presionando la ampolla y expulsando con fuerza el medicamento a través de la boquilla y atraviese el poro de la piel. El chorro tiene el grosor de un cabello para poder entrar en el cuerpo sin necesidad de agujas.

El grosor y la velocidad son los aspectos principales, el líquido se dispara desde el aparato a 200 metros por segundo para penetrar en la piel de forma eficiente. Los dispositivos derivados de este acuerdo, permiten controlar la dosis y cuenta con una aplicación que almacena en la nube la información para que la consulte el médico y controle al paciente que puede medicarse en casa.

El proceso desarrollado por el MIT es más rápido que el que necesita de agujas hipodérmicas, la dosis se administra en medio segundo cuando el sistema tradicional requiere de unos 10 o 20 segundos y es doloroso. De forma similar, el robot Cobi aplica la vacuna al paciente.

Una vez aplicada la dosis, Cobi procede a desechar el vial en un compartimento. Ya estaría listo para administrar una nueva dosis a una persona distinta. Solo un minuto y medio de proceso, permitiendo al personal sanitario ocuparse de otras tareas, así como evitar lesiones o accidentes con las agujas.

Cobionix nace como start-up de la incubadora Velocity de la Universidad de Waterloo en Canadá. Nima Zamani ha liderado el proyecto junto a Tim Lasswell, cofundador y CEO de esta empresa, cuyos inicios se remontan a 2019, antes de la llegada de la COVID-19.

Los responsables de este proyecto calculan que pasarán unos dos años antes de que Cobi pueda dar el salto del laboratorio a los hospitales y centros de salud. Para entonces, la paremia quedará muy lejos, pero los sistemas de vacunación seguirán siendo necesarios para una gran variedad de enfermedades como la gripe. También podría servir para administrar de forma controlada medicamentos a otros pacientes.

EL ESPAÑOL (15/11/2021)

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