SpaceX ha transformado radicalmente el acceso al espacio al reducir los costes de lanzamiento de satélites 60 veces en comparación con la década de los 60. Sin embargo, este hito tecnológico ha generado un efecto secundario preocupante: la saturación de la órbita terrestre. Al ser ahora mucho más económico situar dispositivos en el cielo, el número de satélites en funcionamiento se ha disparado, provocando una carrera por el control de las órbitas bajas.
Los expertos advierten sobre el riesgo de colisiones y la interferencia en observaciones astronómicas, planteando un reto urgente para la gobernanza espacial global en esta nueva era de infraestructuras tecnológicas masivas y democratizadas.
(Xataka (20/01/2026))
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