Google y Anthropic han cerrado una operación financiera de 35.000 millones de dólares para construir cinco nuevos centros de datos, con Google actuando como avalista clave del acuerdo. Dado que Anthropic es una startup sin el músculo financiero necesario para acceder a semejante crédito por sí sola, Google se comprometió a respaldar los pagos de arrendamiento de los centros de datos operados por la plataforma en la nube Fluidstack. Esto reduce el riesgo para inversores privados como Apollo Global Management y Blackstone, que financian la operación.
Más allá del apoyo financiero, el acuerdo configura un ecosistema cerrado: Broadcom diseña los procesadores, Google los fabrica (sus chips TPU) y Anthropic los utiliza en régimen de alquiler. De esta forma, Google se asegura ingresos recurrentes a largo plazo y logra posicionar su propio hardware frente al dominio de Nvidia en el mercado de la inteligencia artificial.
Este tipo de alianzas cruzadas entre grandes tecnológicas se está volviendo habitual. Google, por ejemplo, también paga a SpaceX 920 millones de dólares mensuales hasta 2029 para garantizarse capacidad de computación adicional.
Sin embargo, la concentración de estos acuerdos entre un puñado de empresas enciende las alarmas de los reguladores en Washington y Bruselas, que investigan si las Big Tech están inflando artificialmente las valoraciones de las startups de IA. El temor es que un fallo financiero en cualquiera de estas compañías pueda desencadenar un efecto dominó que desestabilice todo el sector.




























