El crecimiento exponencial de la inteligencia artificial generativa ha encendido las alarmas sobre su huella ambiental. Los centros de datos requieren cantidades ingentes de energía y agua para refrigerar los sistemas que entrenan modelos como GPT-4.
Ante este escenario, la industria tecnológica está pivotando hacia la “IA Verde”, una corriente que busca optimizar la arquitectura de los algoritmos para que requieran menos potencia de cálculo sin perder precisión.
Empresas líderes están invirtiendo en chips de nueva generación con materiales semiconductores más eficientes y en la ubicación de infraestructuras en zonas de clima frío para reducir la refrigeración mecánica. El impacto económico es doble: por un lado, el coste operativo disminuye a largo plazo; por otro, las empresas que logren una IA eficiente dominarán el mercado de la administración pública y corporativa, donde la normativa de sostenibilidad será cada vez más exigente.
La innovación no solo reside en el software, sino en la integración de energías renovables directamente en los nodos de procesamiento para mitigar el impacto ambiental de la nueva economía digital.
(Xataka (20/01/2026))
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