En el laboratorio de ingeniería de Tesla, decenas de empleados repiten acciones tan simples como limpiar una mesa o levantar una taza durante jornadas de ocho horas. Llevan cascos con cámaras y mochilas de hasta 18 kilos, registrando cada movimiento desde todos los ángulos. El objetivo: enseñar a Optimus, el robot humanoide de Tesla, a moverse y comportarse como una persona.
El proceso, descrito por varios empleados actuales y antiguos a Business Insider, es exhaustivo y físicamente exigente. “Es como ser una rata de laboratorio bajo el microscopio”, confesó uno de ellos. Musk supervisa ocasionalmente las sesiones, mientras los inversores visitan las instalaciones para ver demostraciones del robot, al que el propio CEO ha definido como “el producto más importante de todos los tiempos”. Tesla prevé producir millones de unidades a finales de la década, capaces de realizar tareas industriales, domésticas e incluso de asistencia personal.
Entrenamiento intensivo y repetitivo
Los trabajadores —denominados “operadores de recopilación de datos”— siguen manuales detallados y repiten movimientos cientos de veces para alimentar el aprendizaje del robot. Tras abandonar los trajes de captura de movimiento, Tesla ha pasado a usar únicamente cámaras montadas en el entorno, lo que facilita la expansión del entrenamiento. En ocasiones, los empleados usan guantes hápticos para registrar microgestos de las manos, mientras otros son instruidos por una IA generativa que dicta acciones aleatorias, desde “bailar como un gorila” hasta “hacer el baile del pollo”.
Varios trabajadores describen el trabajo como “cardio todo el día” y reportan lesiones de espalda y cuello derivadas del peso del equipo o de las posturas repetitivas. Otros afirman haber sufrido mareos y desorientación durante la teleoperación con cascos de realidad virtual.
Entre el espectáculo y la ingeniería
Durante las visitas de inversores, los robots se controlan manualmente para simular autonomía. “Parecía una obra de teatro”, dijo un exoperador. Según varios testimonios, Optimus se cae con frecuencia al agacharse o inclinarse, lo que obliga a sujetarlo con un pórtico de soporte. Aun así, Tesla lo ha mostrado repartiendo caramelos en Times Square o doblando ropa, imágenes que Musk utiliza para reforzar su visión de un robot que “ni siquiera parecerá un robot”.
Expertos en robótica señalan que el progreso es real, pero más lento y dependiente del trabajo humano de lo que Tesla admite. Por ahora, Optimus sigue aprendiendo con miles de horas de vídeo y ensayo-error, una muestra de que el futuro de la automatización todavía necesita mucha intervención humana.
Business Insider (08/11/2025)
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