China está avanzando hacia un modelo manufacturero donde robots e inteligencia artificial son el motor central de la producción, muy por delante de Estados Unidos y Europa. Mientras en Occidente la implantación de la IA avanza con resistencias y debates éticos, China ha logrado convertirla en un pilar estratégico para mantener su dominio industrial y afrontar dos amenazas clave: el estancamiento económico y la caída demográfica.
El país ya opera más de 2 millones de robots industriales, más de la mitad de los instalados en todo el mundo, y está desplegando “factorías oscuras” que funcionan sin luz ni personal, reduciendo entre un 15% y un 20% el consumo energético. La integración de la IA (impulsada por empresas como DeepSeek) ha multiplicado la eficiencia, disminuido drásticamente la intervención humana y disparado la productividad: empresas como Midea han incrementado un 40% sus ingresos por empleado desde 2015.
Para Pekín, esta automatización masiva no es un riesgo laboral, sino la respuesta a la mayor amenaza estructural del país: perder 200 millones de trabajadores en las próximas tres décadas por el derrumbe demográfico. Su plan gubernamental “Manufactura IA+” quiere llevar la IA al 70% de las industrias en 2027 y al 90% en 2030, con más de 5.000 compañías ya integrándola.
Los expertos del Centro Carnegie sostienen que esta estrategia puede permitir a China compensar su declive poblacional, reforzar su músculo económico y obtener ventaja militar y geopolítica. La interacción de miles de robots autónomos en grandes fábricas se ha convertido, además, en un potencial laboratorio para avanzar hacia una futura Inteligencia General Artificial (IGA).
China también juega con otra baza decisiva: su sociedad está mucho más abierta a la IA que la estadounidense (83% frente al 41%), y las leyes de privacidad son mucho más permisivas, lo que ha facilitado la expansión de robotaxis, chatbots y servicios automatizados a un ritmo que Occidente no replica.
Pese a los intentos de EE.UU. de frenar la tecnología china limitando el acceso a chips avanzados, compañías como DeepSeek están demostrando ser capaces de competir con sus rivales de Silicon Valley. Con esta velocidad de adopción, la automatización china amenaza incluso el objetivo de Donald Trump de recuperar empleos industriales para Estados Unidos: la realidad es que esos puestos no regresan… porque ya los ocupan robots.
elEconomista (26/11/2025)
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