La empresa vasca que quiere dar el siguiente salto en las baterías del coche eléctrico
Las baterías de iones de litio con electrolito líquido se acercan al límite de lo que pueden ofrecer, y Europa sigue dependiendo en gran medida de la tecnología asiática para fabricarlas. Basquevolt propone un cambio de base: baterías de litio metal con electrolito polimérico, una tecnología que permite packs más compactos, ligeros y estables térmicamente. Según la compañía, sus celdas pueden aumentar la autonomía hasta un 50% respecto a las actuales. Con sede en el Parque Tecnológico de Álava, en Vitoria-Gasteiz, aspira a convertirse en un referente europeo del almacenamiento de energía.
Su origen se encuentra en la colaboración público-privada: la empresa se constituyó en junio de 2022 sobre la investigación de CIC energiGUNE, con el Gobierno Vasco, Iberdrola, CIE Automotive, Enagás y EIT InnoEnergy como accionistas fundacionales. Nació cerrando una ronda inicial de 10 millones de euros, liderada por el Gobierno Vasco, y en octubre de ese mismo año se sumó el CDTI, a través de su programa Innvierte, como séptimo socio.
La progresión ha sido constante. El fondo Ekarpen aportó 10 millones de euros para industrializar sus instalaciones, la Fundación Vital entró con 4 millones y a su capital se han incorporado también Stellum y Axon Partners. En febrero de 2026 firmó un acuerdo de desarrollo conjunto con Ampere, la filial de vehículo eléctrico de Renault, para validar su tecnología en prototipos de coches eléctricos, y en marzo Kutxabank avaló 4,9 millones para su planta. En mayo de 2026 lanzó su primer producto estandarizado, la celda BQV400L: una celda tipo pouch con 402 Wh/kg de densidad energética, 27 Ah de capacidad y una potencia de pulso de 8,9C, fabricada en España con un 75% de componentes europeos.
Su ventaja competitiva no reside solo en la densidad energética, sino en que su tecnología puede producirse en las gigafactorías convencionales sin grandes inversiones adicionales. Gracias a su electrolito polimérico, el proceso es más sencillo y permite, según la empresa, un 30% menos de inversión por GWh y un 30% menos de energía por kWh producido, una combinación que la sitúa como una de las vías más escalables hacia la próxima generación de baterías europeas.
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